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Sed

Un sermón de Padre Juan Sandoval
Cuaresma 3Año A

 

¿Cuántos de ustedes han caminado a través de un desierto? El desierto es un lugar donde no mucho crece y es desolado, no hay mucha agua y se pone muy caliente durante el día y muy fresco en la noche . Especialmente en verano es un calor terrible. Recuerdo cuando era niño, mi padre trabaja en el sol todo el año y durante los meses del verano, llegaba a la casa con los ojos sumidos y lleno de sudor. Él bebía mucha agua, pero siempre no era suficiente. Estaba tan cansado. Lo hizo por muchos años hasta que se retiró. 

También en Arizona durante el verano, casi siempre había personas que buscaban un tesoro de oro en unas montañas alrededor de Phoenix. Comenzaban a subir las montañas y porque se parecían similar, se perdían. Perdidos sin alimentos y sin agua. Muchos murieron en estas montañas que eran parte del desierto alrededor de Phoenix. Casi siempre era más por falta de agua. 

Para los seres humanos, nuestro cuerpo esta hecho de setenta por ciento de agua. No podemos vivir sin agua. Agua es esencial para vivir. 

El desierto de Egipto es casi lo mismo. Caliente durante el día y fresco en la tarde. Yo he experimentado los dos desiertos y se parecen muchos.

Moisés, el líder apuntado por Dios que libró los hebreos de Egipto con la promesa de Dios que llegarían a la tierra prometida, la tierra de leche y miel. Caminaron a través del desierto por muchos años. Por ser humanos, quejaron por no tener alimento. Pero Dios provee. Les dio mana. Los hebreos no tenían pacencia. Deseaban lo que deseaban ahora mismo, en este momento. Dios siempre trabaja en su propio tiempo. Quizás en vez de quejar, debían orar a Dios. Dios le dijo a Moisés que toquen al lado de una montaña con una roca y saldrá agua. Es posible que los hebreos no tenían confianza en esto, en sacar agua de la roca. Pero si, lo hicieron y tuvieron agua para beber. 

A pesar de todo lo que Dios hizo para librar los hebreos de Egipto, todavía tenían sus dudas. Como Dios dijo en el Salmo, ´Me pusieron a prueba, aunque habían visto mis obras, durante cuarenta años aborrecí aquella generación, y dije, no reconoce mis caminos. ¨ Moisés no era Dios, pero era ministro de Dios para llevar a los hebreos a la tierra prometida. Dios les dio el agua de vida. 

Hoy escuchamos que Jesús camina en otro desierto, como Moisés y los hebreos, Él tenía sed y llega en Sicar al pozo de Jacob. Cuando llega Jesús encuentra una mujer de Samaría. Aquí la mujer que está en su desierto y que tiene sed, pero no sabe de dónde viene el agua que le falta. Los judíos y los samaritanos no se querían mucho. Jesús le pregunta por un poco de agua. Ella queja y le pregunta cómo es que un judío le pide por agua. La mujer no conoce que es Jesús. Ella no entiende que no es Jesús que necesita lo que ella puede proveer, pero es ella que necesita la única cosa que Jesús puede proveer, el agua viviente. El invita al marido de la mujer y ella dice que no tiene marido. Jesús le dice es la verdad porque has tenido cinco maridos y el hombre con que vives, no es su marido. Ella piensa que Jesús es un profeta. Lo que no conoce es que Jesús sabe de su vida, pero también él es el camino, la verdad y la vida. Ella llega a su pueblo a ser testigo de Jesús. Esta mujer que fue condenada al ostracismo por su manera de vivir, mujer que llega al pozo en mediodía y no en la mañana, una mujer que ni tiene un nombre en el evangelio, una mujer samaritana sin educación y todavía fue el vaso de agua viviente por Jesús. Es decir que ella llevó el mensaje del Mesías al pueblo. Vengan a ver. Muchos del pueblo llegan a ver y Jesús se queda con el pueblo por dos días. 

Nosotros también podemos ser el vaso de agua viviente como esta mujer. Una mujer de nivel baja en sociedad que fue escogida para compartir Jesús. Cada uno de nosotros también podemos compartir la palabra de Dios en nuestra comunidad, en este mundo roto. Jesús habla con la mujer donde orar a Dios. Donde cada uno está, ahí es el lugar donde puede orar y compartir el agua viviente, Jesús. Jesús les dijo, Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. 

Todos tenemos sed y todos podemos beber del agua viviente que es Jesús, Dios encarnado. 

Amen.