Un sermón de Padre Juan Sandoval
Propio 21 – Año C
La semana antes, yo predique sobre todo lo que Dios te da como dones. Dios o Dinero, tiempo y talento. Todo lo que tenemos viene de Dios y siempre es de Dios. Dios desea que cada uno de nosotros haga bien con nuestro tiempo, talento y tesoro. Esta semana en Timoteo y el Evangelio de Lucas hay palabras que nos dan más dirección en la voluntad de Dios y nos da ejemplo en cómo usar todo en nuestra vida para la gloria de Dios y para ayudar a los pobres, los enfermos, las viudas, los ciegos, los sordos, los cojos, los desamparados y los peregrinos. NOs habla de compartir nuestros dones de Dios.
Nos avisa en el salmo que no confíes en los príncipes, ni en ningún hijo de Adán, porque no hay en ellos seguridad. El que hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientes pues el Señor ama a los justos y protege a los forasteros, sostiene al huérfano y viuda.
Dios a través de Jesucristo nos ha dado en cómo tratar a nuestros prójimos. En Timoteo, nos dice que nada de que trajimos a este mundo y nada podremos llevarnos. Si tenemos de qué comer y con qué vestirnos, ya nos podemos dar por satisfechos.
Todo esto nos guía para hacer la voluntad de Dios en la tierra como en el cielo. Debemos confesar por lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer.
No hay problema si eres rico y tienes riquezas. Lo importante es como compartimos los dones de Dios. No amen las riquezas porque amor del dinero es raíz de toda clase de males y codicia. Hagan buenas obras con su dinero. Ayuden las viudas, los huérfanos, los forasteros y todos más desafortunado que ti.
En el evangelio de hoy, Jesús nos platica una parábola del hombre rico y Lázaro, un hombre sufriendo en la calle. Aquí encontramos dos mundos, la vida y la muerte, las riquezas y la pobreza. Pongan atención cuando alguien toca en su puerta, quizá no es lo que esperamos. A pesar de su vida en este mundo, hay una transformación. Ahora vemos que el hombre rico está en los infiernos. Él no dio atención al pobre o pobres, su interés solamente era en su lujo. Él tenía sus trajes hechos de tela morada, mucha comida y un hogar grande. Hasta tenía siervos y quizá guardias en frente de su hogar. Afuera de la entrada de su hogar había un hombre pobre sin tener de comer, su cuerpo lleno de llagas y nadie para cuidarlo, solamente los perros que lambian sus llagas. El rico pasaba casi cada día por donde estaba el pobre, pero para él rico, el pobre era invisible.
Luego llego el día cuando murió el pobre y los ángeles llevaron a sentarse al lado de Padre Abraham. El rico también murió y fue enterrado. Él rico fue a los infiernos y podía ver arriba donde estaba el pobre en los brazos de Padre Abraham.
Jesús usa imágenes del futuro para despertarnos y ayudarnos a ser conscientes de cómo estamos viviendo ahora. Nos da un ejemplo en cómo es la intención de Dios en cómo vivir nuestra vida. Como digamos en el Padre Nuestro, en la tierra como en el cielo. Todavía tenemos tiempo para cambiarnos, para tener una conversión, una transformación. No digo que es fácil, pero si es posible. Piensen en San Pablo que era tan maldito a los seguidores de Cristo. Los maltrataba y los perseguida hasta que encontró a Jesús en el camino hacia Damasco. Recuerden que no podía ver, no podía comer por tres días hasta que llego Ananías y puso sus manos encima de Pablo y en ese momento convierto, cambio, fue transformado. Este es ejemplo fuerte, pero si nos dice que es posible y con nuestro Dios, nada es imposible.
Visión, creencia, fe, amor, paciencia y mansedumbre son necesarios en este mundo. No olviden dar a los hambrientos, no solamente las migajas, pero una cena. No darles un paño, pero darles su camisa. Jesús nos invita a examinar las relaciones entre unos y otros. No sean despreocupados por alguien que esta inmersivo en el sufrimiento. La Palabra de Dios está escrita para transformar nuestros corazones y nos ofrece la oportunidad de tomar una decisión de cambiar nuestras vidas. Qué ninguno busque únicamente por su propio bien, sino también el de los demás. Si no lo hacemos y somos los que experimentan la santidad y en vez guardamos el dinero para sí mismo en vez de compartir con los que necesitan, pues quizás quedamos como el hombre rico en los infiernos con tanta sed fuerte.
Así no confían en cosas humanas porque allí comienza a degenerarse todo el sistema de vida tanto de la persona como de la comunidad. La única realidad es Jesús el Cristo.
AMEN