Skip Navigation The Cathedral of St. Philip - Atlanta, GA

Palabras y Fe

Un sermón de Padre Juan Sandoval
Propio 15  Año A

 

El Evangelio de hoy es intrincado, pero aborda principalmente dos cuestiones: lo que entra y lo que sale de nuestra boca, que está muy involucrado con la tradición y en segundo lugar, acerca de la fe. 

Jesús comienza averiguando con los fariseos.  ¿Porque no se lavan las manos ante comer?  Nuestro Señor les da una lección sobre lo que es impuro.  No es lo que entra al cuerpo es impuro.  Lo que ponemos en la boca camina al estomago y al fin sale del cuerpo.  Toda la comida es don de Dios y por eso no puede ser impuro. Pero Jesús nos dice que lo que sale de nuestra boca puede ser impura.  Nos da ejemplos de lo que sale de la boca también sale del corazón.  Piensen en todo que escuchen cada tarde en los avisos.  Hay palabras que son terribles, que duelen mucho, y que destruyen el alma.  Jesús de lo que sale, mentiras, insultos, adulterio, inmoralidad sexual, robos y asesinatos.  Todo esto puede ruinar la vida de alguien, puede cambiar la vida por el peor.  Así, antes de decir algo o hacer algo es mejor pensar en la acción.   

Pienso que casi todos hemos tenido tiempos cuando algo nos pasa que duele.  Parece que podemos sentirlo en nuestro corazón y ser.  ¿Qué haremos?  Podemos vengar o podemos tener compasión o decir seguir el ejemplo de Jesús y orar por la ayuda de Dios. 

   

 

 

Hay una cuestión teológica que surge de esto: 

¿Cuál es el alcance de la misión de Jesús? Israel solamente o a todo el mundo más grande? 

Oración. La mujer (siro fenicia o cananea) ora, grita a Jesús para sanar a su hija. ¿Es la voluntad de Dios una constante inmutable? 

Así que Jesús, el "Dios está con nosotros" Jesús, parece cambiar todo esto con una sola decisión. Jesús amplía el alcance de su ministerio de Israel sólo para incluir a los gentiles como parte de la misión mayor que representa la mujer. 

Cuando leo este evangelio me llega esta cuestión.  ¿Cambia Dios la mente de Dios? Nosotros, aquí a nivel humano, sólo podemos imaginar lo divino en nuestros limitados términos. Entendemos lo que Jesús nos trajo. Jesús nuestro intérprete de las palabras divinas para que sea comprensible para nosotros a través del lenguaje humano. 

En verdad, dudo que la mente humana pueda comprender completamente la verdad de Dios. Es más allá de nuestra capacidad de concebirlo. Tal vez nuestra pregunta debe ser "¿qué crees que es Dios?" Es Dios el arbusto ardiente, una nube pasajera o una deidad que es invisible, pero sabemos que está allí. Entonces, ¿cómo oramos a este Dios invisible? Tal vez la manera en que percibimos a Dios configura cómo oramos a Dios. 

Me encanta este fragmento de Martin Lutero y parece apropiado para esta conversación: 

"Nuestro Señor Dios, no podía oírme, porque arrojé mi saco delante de su puerta, y cansé sus oídos con todas sus promesas de escuchar oraciones, las cuales podía repetir de la Sagrada Escritura para que El pudiera escucharme". Me suena a la mujer que suplica a Jesús que cure a su demonizada hija. Tal vez, cansando sus oídos para escuchar las oraciones de la mujer cananea. 

Miremos el Evangelio de la semana pasada. Tenemos un barco lleno de discípulos, tenemos una tormenta y tenemos a Jesús caminando sobre el agua. Pedro se une a él, comienza a caminar hacia Jesús, pero al sentir un fuerte viento, comienza a hundirse y grita a Jesús "Sálvame". Él lo salva, pero también le dice a Pedro: Oh, tu de poca fe. 

Uno de los Evangelios del oficio diario, Marcos nos da otro ejemplo: Bartimeo, un ciego comienza a gritar: "Hijo de David, ten misericordia de mí". Él lo repite varias veces hasta que Jesús le dice que venga.  Le pide a Jesús que lo vuelva a ver. Jesús le dice: "ve, tu fe te ha hecho bien". 

Esta semana la mujer cananea le ruega a Jesús "Señor, Hijo de David" Jesús está finalmente desgastado, pero dice: "Mujer, grande es tu fe, que se haga como quieras" 

¿Cuánta fe tienes? ¿Cómo se mide la fe? ¿Tenemos una fe como meta o una prueba que indica nuestra fe? 

Mientras Jesús atendía más a su pueblo judío, este episodio de su vida cambió y amplió su misión. Así que nuestras oraciones también deben ser para los de otros grupos étnicos, otras religiones, y sí, también incluso para nuestros enemigos. Estamos desafiados en nuestro pacto bautismal de amar a nuestros vecinos como a nosotros mismos y de luchar por la justicia y la paz entre todas las personas. Debemos aprender tolerancia, aceptación y amor como lo hizo Jesús con esta mujer cananea. 

Así que, si Dios puede cambiar, nosotros también podemos cambiar. Jesús envió a sus discípulos a salir y hacer discípulos de todas las naciones. Hoy haremos más discípulos por bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Para recibir el sacramento de Bautismo y para ser propiedad de Dios por siempre. 

AMÉN.