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Libertad

Un sermón de Padre Juan Sandoval
Propio 9  Año A

 

Ayer celebramos 250 años de libertad.  Hace doscientos cincuenta años, este país, los Estados Unidos de América, inició una revolución religiosa que podría ser más importante que la propia Guerra de Independencia. La revolución religiosa que emprendió nuestro país es lo que hoy llamamos el principio de separación entre la Iglesia y el Estado. Un Estado sin una religión oficial no tenía precedentes en el mundo occidental de aquella época. La separación entre la Iglesia y el Estado era algo novedoso hace doscientos cincuenta años, y ha beneficiado tanto a la Iglesia como al Estado. ¡Este principio ha permitido prosperar al Estado y ha permitido prosperar a la Iglesia! ¡Doy gracias a Dios por la separación entre la Iglesia y el Estado!  

 ¿Pero es lo mismo hoy como en años antes? Yo pienso que ha cambiado mucho.  Muchos conocen como comentaron los jueces de la corte suprema.  Depende en cómo te afecta cada decisión.  Especialmente a los que nacen aquí en los estados unidos.  Otros no tanto. Así pues, en este aniversario de la fundación de Estados Unidos, tal vez la pregunta que tenemos ante nosotros no sea simplemente si somos libres. Quizás la cuestión más profunda sea qué estamos haciendo con nuestra libertad.  ¿Como somos como la gente en tiempo de Jesús? 

La pregunta que hace Jesús: “¿A qué compararé la gente de este tiempo?”. Es una pregunta siempre presente. Mucho a cambiado desde el tiempo de Jesús.  Este mundo no parece tan grande.  Por ejemplo, podemos saber que transpira en ese momento o en minutos.  Cuando hubo los terremotos tan fuertes, muchos ya habían visto lo que sucedió.  Aviones, celulares, computadoras, toda la tecnología. La gente de ahora no es tan diferente de la gente de ayer o de la gente de mañana. Una característica común de esta gente (en la que nos podemos incluir nosotros) es la incredulidad y la no aceptación de Juan, Jesús, o algún otro enviado de Dios; casi que usurpamos el lugar de Dios de acuerdo con nuestra conveniencia.  La indiferencia y el rechazo de la gente de cada generación hacia Dios, provoca que sea él mismo quien tenga que tomar la iniciativa y revelarse con acciones en cada tiempo. 

Jesús nos dice que la generación de esos tiempos era mucho como los niños porque todavía no entendían las leyes o maneras de ese tiempo como los políticos de roma, los soldados necesarios para mantener la paz.  En verdad no entendían la sociedad del tiempo.  Jesús llego a ser ejemplo y hacer el yugo más ligero. 

Los discípulos de Juan le preguntan a Jesús. “¿Eres tú el que ha de venir, o hemos de esperar a otro?” Juan, quien tan claramente reconoció quién era Jesús cuando lo bautizó, ahora tiene dudas. ¿Quién puede culparlo? El gran juicio que Juan anunció no se ha materializado, los corruptos todavía están en el poder y Juan está en la prisión de Herodes. 

Jesús les dice a los discípulos de Juan que le digan a Juan lo que han oído y visto: los ciegos ven, los cojos caminan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres reciben la buena noticia (11:5). Aunque no es el juicio poderoso que Juan imaginó, estas son sin duda señales de que el reino de Dios se acerca. 

Ahora Jesús nos invita a ser discípulos.  Jesús tiene sabiduría divina que nos enseñó a través de los milagros, sanando, sacando demonios y dando enseñanza de cómo debemos ser o nuestras acciones en este mundo. Este tipo de ser discípulo transformado es algo no tan fácil.  Algunas veces es algo muy aislado.  Cuando somos llamados para llegar a todas posibilidades y siempre decir SI a Dios.  Decir SI a lo que es posible.  Cuando digamos SI, el amor de Dios nos mueve a crecer en compasión, entendimiento, y aceptación de otros. 

Siempre creciendo día a día en ser discípulos y viviendo nuestra vida con integridad y fidelidad a Dios.  Luego esta llamada de Jesucristo a ser discípulos nos ofrece descanso en otra manera. La llamada de Jesucristo de difícil porque hay ministerios que casi no funcionen y necesitan mucho para mantener y con esto tenemos que dar la bienvenida y sustenta a los que llegan cansados. 

Mi hermanas y hermanos, Jesucristo llego para todos y para quitarles el yugo.  El vino a darnos descanso y ser ejemplo.  Con Él no hay de tener miedo, no ser enfadados, no ser orgullosos.  Así, ahora podemos abrir nuestros corazones para que entre alegría, amor, vida y descanso. 

AMEN.