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El Poder de Dios

Un sermón de Padre Juan Sandoval
Cuaresma 5  Año A

 

Para Dios, nada es imposible.  Ahora Jesús muestra el poder de Dios a través de la muerte de su querido amigo, Lázaro.  El domingo antes escuchamos el poder de Dios en un hombre ciego y también Cristo muestra el poder de Dios cuando el ciego pudo ver después de que Cristo puso el lodo en los ojos del ciego.  Después de lavarse, pudo ver.  Si son milagros, pero siempre muestran el poder de Dios. 

 El evangelio de hoy es uno conocido, es de Lázaro que murió y fue resucitado por Jesús. 

He pensado en este evangelio de San Juan que nos habla de la resurrección.  Lázaro estaba enfermo y sus hermanas, María y Marta, enviaron un mensaje a Jesús.  Les dijeron a Jesús que él que amaba tanto estaba muy enfermo.  Jesús, en vez de irse inmediatamente, se quedó dónde estaba por otros dos días antes que empiece caminar a Judea.  Judea, un pueblo que era peligroso por Jesús porque los judíos, los fariseos y otros querían matarlo.  Por esto los discípulos tenían mucho miedo.  A pesar de esto, Jesús y sus discípulos caminaron a Judea. 

Cuando llego Jesús, Lázaro ya había muerto y era cuatro días antes y estaba sepultado.  Los judíos y las hermanas de Lázaro lloraban por él.  Cuando llego Jesús, él también lloro por él y estaba muy emocionado. Lázaro murió hace cuatro días. Llego a sepulcro, Jesús les dijo que quitaran la piedra en frente del sepulcro. Por los ritos y tradiciones de los judíos, el cuarto día es cuando su alma de la vida a la muerte y su alma había dejado su cuerpo. 

Pero Jesús los resucitó, Lázaro salió de la tumba con vendas que cubrían su cuerpo.  Jesús les dijo que desátenlo y déjenlo ir.  Luego muchos incluyendo los judíos creyeron. 

El pasaje también nos invita a examinar las tumbas en nuestras propias vidas. Estas tumbas pueden no ser físicas, pero son reales: adicciones, hábitos de vida o patrones que limitan nuestro crecimiento, relaciones u hogares marcados por el abuso o el miedo, el sistema de injusticia que nos paralizan con resignación. ¿Cómo sabemos que no estamos en nuestras propias tumbas ahora mismo? ¿Cómo sabemos que no estamos, de alguna manera, “muertos” aun mientras vivimos y respiramos? Tal vez estamos inmovilizados por el miedo a hablar; tal vez el dolor, la duda o la decepción nos han dejado sin fuerzas. Sin embargo, Jesús nos llama: “¡Sal! ¡Sal de tu tumba!”. 

En medio de circunstancias dolorosas y realidades sociales de muerte, anhelamos la Resurrección y el desatado que nos libera para soñar más allá de los límites y experimentar una vida nueva. 

También, Dios nos ha dado el don de sabiduría e inteligencia y amor.  Ahora, especialmente, es tiempo para compartir nuestro don de sabiduría.  Parece que somos como Lázaro en que estamos atados, no con vendas, pero con el miedo del virus que es tan peligrosa y muchos que han llegado a su muerte.  Hay muchos que han contractado el virus y con tiempo se aliviaron, sanaron.  Si, es verdad que hay muchos en el hospital y por la sabiduría e inteligencia de los médicos, enfermas y otras personas que trabajan allí.  Todo esto pasará y nuestra vida será cambiada por lo que hemos experimentado.  Lo que era nuestra vida en años pasados, pues ya murió. La vida que tendremos en el futuro será como una vida de resurrección, una vida nueva. 

 La epifanía es que debemos vernos en Lázaro y ver el milagro de su restauración de la vida física como el comienzo de nuestra entrada en la vida eterna que comienza en el momento en que aceptamos la oferta de relación de Jesús con nosotros. 

En esta temporada de Cuaresma es tiempo peligroso, pero es tiempos para reflexionar, para orar a Nuestro Señor por todo este mundo.  Orar por los que han muerto, para los enfermos, para todas personas que ponen su vida en peligro para ayudar y dar apoyo a los que necesitan. 

Recuerden que Lázaro parecía que estaba muerto, pero fue resucitado, Dios que resucito y dio viva a Lázaro ¡Vivo!  Jesús, Nuestro Señor, que lo resucito y que siempre está con nosotros, resucitara este mundo. Como Lázaro vivió, nosotros viviremos también.  Dios envía su Espíritu para resucitar nuestra vida. 

¡Demos Gracias a Dios!   AMEN