Un sermón de Padre Juan Sandoval
Propio 18 – Año C
Cada uno de nosotros deseamos ser discípulos de Jesús. Cada semana llegamos a escuchar la palabra de Dios. Los viajes de Jesús, sus caminos, los milagros y parábolas. Las lecturas de hoy nos llevan por otros caminos y senderas y nos llevan a ser discípulos de Cristo. No es tan fácil como pensamos. Las palabras de San Pablo y de nuestro Señor Jesucristo son palabras fuertes este día.
San Pablo comienza su carta a Filemón. Filemón es una de las personas que han convertido a cristianismo. Cristianos que ya son bautizados. Por ser bautizado, nos cambia la relación entre dos personas. Filemón y su esposa en esta carta nos habla de Filemón, un hombre rico, la esposa de Filemón, y su esclavo, Onésimo. Su nombre significa útil. Por la lectura sabemos que Onésimo hizo algo mal, pero no sabemos que hizo. Onésimo escapó de su dueño. Onésimo llego a servir a Pablo cuando estaba en la cárcel. Por Pablo, él fue convertido a cristianismo. También era fiel de cristianismo por su bautizo. Pablo ruega a Filemón que acepta a Onésimo como un hermano. En verdad, no sabemos si Filemón lo acepto como hermano por ser bautizado en Cristo. Pero nuestros votos bautismales nos dicen de esto. Quizás no tan difícil aceptar una persona en su casa como hermano. Pienso que sería difícil hacerlo con uno que era su esclavo. Siempre debemos luchar por justicia y respetar la dignidad de todos seres humanos.
Jesús ofrece dos parábolas para explicar por qué las cosas de esta vida son secundarias a su llamado. Describe la construcción de una torre y la guerra, actividades que requieren mucho dinero, planificación y personal. Pregunta: «¿Quién de ustedes, queriendo construir una torre, no se sienta primero a calcular el costo, a ver si tiene lo suficiente para terminarla?» y «¿Qué rey, al salir a la guerra contra otro rey, no se sienta primero a considerar si puede oponerse con diez mil al que viene contra él con veinte mil?». Estas historias se centran en los discípulos. Si me siguen, ¿tienen lo necesario para cumplir su misión? Esto significa que los discípulos de Jesús deben comprometerse plenamente. ¿Estamos comprometidos con el proyecto de la misión de Jesús?
Ser discípulo de Jesús no es fácil. Piensen en estas metas para llegar a ser discípulo de Cristo. Necesitan amar Jesús más que su familia, su madre, su padre, sus hijos. La vida cristiana debe entenderse a partir de cuatro implicaciones de la enseñanza de Jesús: (1) abnegación, (2) llevar la cruz, (3) meditación sobre la vida eterna y (4) el uso adecuado de los dones de Dios en la vida diaria.
- Abnegación La negación del sí mismo es el escape del egoísmo. La abnegación es el don que Cristo nos da que nos permite dedicarnos a Dios y buscar las cosas que “son de la voluntad del Señor”.
- Llevar la cruz es para nosotros la dimensión de la abnegación que nos permite afrontar el sufrimiento. El Evangelio de Lucas tiene un mensaje central: la misericordia de Dios, en la persona de Jesucristo, se ha ofrecido a todos sin excepción. Sin embargo, este don gratuito de Dios tiene una limitación: nuestra disposición a responder a su misericordia. Y si bien la misericordia de Dios evoca una respuesta de discipulado que nos hace sentir bien, el resultado de responder a ella tiene un precio. Camino a Jerusalén, Jesús pide a sus discípulos que evalúen el costo del discipulado y determinen si están dispuestos a pagarlo. Llevar nuestra cruz significa obedecer a Dios incluso en nuestro dolor y pérdida, las pruebas y los dolores de la vida. La cruz de Cristo es medicina curativa de las enfermedades y heridas de la vida, castigo y corrección de nuestros errores en la vida y, sobre todo, consuelo cuando somos perseguidos porque estamos con la justicia de Dios. Entonces, la cruz de Cristo nos trae alegría, honestidad para reconocer nuestro dolor y una liberación de la amargura.
- La meditación sobre la vida eterna nos compromete a contemplar el misterio y albergar un sentido de asombro acerca de la promesa para los seres humanos en la resurrección de Jesús de entre los muertos.
- Uso adecuado de los dones de Dios en la vida diaria. Las Escrituras nos enseñan “el uso correcto de los beneficios terrenales,” ambas cosas necesariamente (necesidades) y cosas de deleite (placeres).
Cuatro reglas rectoras de Jesús para tener equilibrio en la vida:
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- debemos complacernos lo menos posible;
- si tenemos pocos recursos, debemos prescindir de las cosas con paciencia;
- debemos entender que Dios nos confía todas las cosas para una mayordomía responsable;
- en todas las acciones de la vida debemos buscar nuestro llamado de Dios.
Jesús usa cuatro imágenes fuertes para expresar cuán costoso es ser discipulado. Cada imagen resuena con otras partes del Evangelio de Lucas (y paralelos en Mateo y Marcos).
Primero, “Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica” (Lucas 8:21).
Segundo, uno debe llevar su “cruz” (v. 27). Justo antes de subir al monte de la transfiguración, Jesús hace una declaración similar: “Si alguno quiere hacerse discípulo mío, niéguese a sí mismo y tome su cruz cada día” (9:23).
Tercero, uno debe “renunciar” a todas sus posesiones (14:33). Recordamos cómo Jesús le pide a un gobernante rico que venda todo lo que tiene y se lo dé a los pobres (18:18–23).
Cuarto, uno debe ser como la buena “sal” (14:34), que da sabor y vida, pero también pica y purifica.
Los seguidores de Jesús han descubierto una vez más que su muerte no eliminó la salinidad de su sal. Por el contrario, el Crucificado sigue trabajando en silencio, pero persistente en el mundo. Él hace discípulos incluso a aquellos que saben que son débiles y vulnerables. Su costosa gracia nos da vida.
AMEN