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Dios Provee

Un sermón de Padre Juan Sandoval
Propio 11  Año A

 

Dios Proveerá. Isaias nos da una prenda de Dios y la abundancia que nos ha dado. ¿Tienes sed? Llega a las aguas. ¿No tienes dinero? Venga, compra y come. Vengan a mí y pongan atención, escúchame y vivirán. 

A la mayoría de nosotros nos molestan las invitaciones a cenas que conllevan condiciones. ¡Gracias, pero no! En la Biblia aparecen varias invitaciones a comidas o banquetes, y todas llevan algún condicionante. La buena noticia es que todos están invitados; la mala es que hay que llevar un plato o hacer algo. 

Adán y Eva recibieron el jardín entero para su disfrute, a excepción de un árbol frutal al que no pudieron resistirse, pero también fueron nombrados guardianes del jardín. Tenían abundancia de que comer, pero no del árbol en medio del jardín. Moisés guio a los hebreos a través del desierto, cuando no tenían de comer, cayo mana. Cuando tenían sed, Dios les dio agua de las rocas. Jesús partió el pan y sirvió el vino, invitando a todos a un banquete celestial, pero a sus seguidores se les encomendó la tarea de cuidar a sus ovejas. 

A este pueblo del pacto se le concede una vida plena que trasciende el mero sustento de agua y pan, incluso cuando se encuentra en el exilio y bajo la opresión de poderes políticos; en efecto, Dios abre un camino donde no lo hay. Creer y confiar en el poder y el amor de Dios son elementos esenciales de una fe auténtica, tanto para los individuos como para las comunidades. El poder, el amor y la generosidad de Dios, pues, fundamentan la esperanza de un futuro en el que la comunidad exiliada daba testimonio de estas realidades. El costo para la comunidad no fue dinero, sino un compromiso amoroso con una alianza con Dios.

El banquete al que Dios nos invita resulta incómodo en cierto sentido. Tanto quienes carecen de dinero —y que a veces huelen, hablan y se comportan de manera distinta a nosotros— como quienes lo tienen están invitados. Pero no hay listas de primera ni de segunda categoría; tan solo una invitación a asistir y comer con los demás. 

Quienes tienen dinero y quienes no lo tienen se sentarán juntos a adorar al mismo Dios que los creó. Es la manera en que viven y se tratan mutuamente —y no cuántas carretas de bueyes logren llenar— lo que los convierte en una luz para los demás. Esa es la definición que Dios da de la vida en abundancia. 

Así como en el Evangelio de Hoy, Jesús nos habla de la abundancia que Dios provee. Los discípulos no lo ven, pero Jesús les dicen que le den a la gente algo de comer porque han estado escuchando a Jesús por un tiempo largo. La gente llegó poco a poco hasta que hay más que cinco mil. Los discípulos no lo ven, pero dicen a Jesús, solamente tenemos estos dos pescados y cinco panes. Jesús tomo los pescados y los panes, mirando al cielo, bendijo los pescados y panes. Toda la gente comió todo lo que deseaban y sobraban 12 canastas grandes, llenas de pedazos de pan y pescados. ¡ABUNDANCIA DE DIOS! 

Dios nos dice que debemos compartir de la abundancia que tenemos con otros. Debemos compartir para ayudar a los pobres, los hambrientos, las viudas, los huérfanos. Siempre hay alguien que tiene más pero siempre hay alguien que no tiene lo que necesitan para vivir. No debemos de hacer el pecado de dar alabanza a un ídolo. Como en el evangelio, parecía que tenía había mucho, pero en verdad había abundancia que no habían visto. Si recuerdan, Jesús no hablaba de ustedes, de tu, de nosotros, No, él hablaba de lo que estaba en frente de nosotros. Su interés era solamente en la gente que llego a escucharlo. Donde pongo toda esta cosecha, tengo tanta que necesito compartirlo. Es buena cosa que tengo bastante para disfrutar, pero también para compartir con la comunidad. Tenían abundancia, pero no abrieron sus ojos. Como el perdido en el desierto que si no abre sus ojos quizás morirá por no ver la abundancia. La persona que no abre su corazón y alma no puede sentir el amor y misericordia de Dios. 

Todo esto es de ´SU´ relación con su prójimo y con su Dios. Nosotros no somos el centro del mundo, solamente somos una parte pequeña del mundo. Dios nos dice que todo lo que hizo es importante. Los peces, las aves, los árboles, las hierbas, las flores, nosotros y sí también las víboras. Dios conoce cada pelo en nuestra cabeza y así nosotros somos muy amados e importantes a Dios. Nosotros debemos ser testigos de Dios, debemos tener confianza en Dios y siempre mantener nuestra FE en Dios. Todo esto es parte de nuestra relación con el Señor. Siempre den gracias, alabanzas y oraciones al Señor por tu abundancia. Caminen siempre para que el Señor more en su corazón. ¡Den gracias siempre! 

¿Qué hacemos con nuestra abundancia? ¿Como podemos compartir toda nuestra abundancia con nuestros prójimos? Podemos hacer la voluntad de Dios en compartir de nuestra abundancia. ¡Siempre demos gracias a Dios por todos nuestros dones! 

AMEN.