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Bien y Lo Mal

Un sermón de Padre Juan Sandoval
Propio 11  Año A

 

Cuando era joven, tenía mis trabajos alrededor nuestro hogar.  Había una que no me gustaba mucho.  era halar las cizañas del jardín de flores, Siempre hacía mucho calor y lo hizo peor.  Tenía que sacar una por una con cuidado porque si no también sacaba las flores.  Lo hacía durante el verano y doy gracias a Dios que las flores no crecían todo el año.   

Es interesante que el domingo antes Jesús nos dio la parábola de las semillas que cayeron en diferentes tipos de tierra y como crecieron o no crecieron.  En verdad nos habló de como aumentar nuestra vida para acercarnos a Dios.  Los que tienen ojos,ven y los que tienen oídos, oigan.  Nos dirige a leer, estudiar, ayudar.  Aquí en nuestro diocese hay recursos como CETLA (centro de educación para latinos).  Es un curso de 2 años con el propósito de formar lideres en la iglesia y comunidad.  También hay un curso, La Mesa, que es de 2 años en la universidad de Emory.   

Este domingo, la parábola nos habla del sembrador que siembra buena semilla y alguien malo tiro cizañas durante la noche. Los trabajadores se dieron cuenta cuando estaba creciendo que habia cizaña entre el trigo.  Así cuando creció junto, tuvo que separar lo bueno del malo.  Al fin tuvo que separar el trigo de las cizañas y tirar la cizaña en el fuego.  Luego poner el trigo en el granero. 

Así es la vida también, lo bueno y lo malo, lado a lado crecen.  Jesús explica que él es el sembrador, la semilla buena es los niños del mundo.  Las hierbas malas son los niños de satanás.  Satanás es el que sembró las semillas de hierbas malas. 

Jesús sigue y dice que sus ángeles llegaran para coger todos los pecadores y los malos.  Luego los tiran al fuego.  Los dignos brillaran como el sol en el Reino de Dios. 

Jesús nos da una advertencia y debemos pensar.  ¿Qué es bueno y que es malo? Dios nos ha dado voluntad libre y con esto podemos cambiar la vida.  Qué difícil resulta determinar la diferencia hasta el momento en que ya es demasiado tarde. 

En la historia de seres humanos siempre hemos tenido tiempo a través del mundo cuando hay lideres o personas que son buenos y otros que son malos.  ¿Cuáles son las metas para conocer si son buenos o malos?   

¿Con qué frecuencia no nos enfrentamos también a dilemas similares?  Entonces con una multitud de otras decisiones difíciles:  

  • como elegir entre conseguir un empleo para mantener a la familia o quedarse en casa para pasar más tiempo con la familia 
  • o entre apoyar a alguien que tiene dificultades constantes en el trabajo y afecta negativamente la calidad del equipo, o despedir a esa persona; 
  • o entre permanecer en su puesto actual, donde todo es cómodo, o decidir trasladarse a nuevos horizontes, aunque sean desconocidos; 
  • o entre ceder a la presión de los demás —porque sentirse excluido es algo realmente desagradable— o mantenerse fiel a sus valores y arriesgarse al aislamiento. 

¿Que nuestra vocación como discípulos es buscar y purgar el pecado y el mal? En verdad, no deseo esa tarea. No confío en mí mismo. Pero sí confío en Dios. Nuestra presencia en el mundo como cristianos consiste en ser el bien. En vivir el Evangelio. En ser luz. En ser sal. Porque lo somos, dice Jesús a sus discípulos. Esto debería ser una buena noticia. Esta parábola nos invita simplemente ser. A ser el bien en el mundo, plenamente conscientes de las resistencias que encontraremos. A ser luz cuando la oscuridad seguramente intentará apagarnos. A ser sal cuando la insipidez, el conformismo y la búsqueda de lo aceptable se presentan siempre como los caminos más fáciles. 

Esta parábola describe una realidad que muchos no quieren admitir.  Nuestra presencia en el mundo para incitar la acción, sino a fomentar la honestidad.  Nuestra presencia en este mundo como cristianos no consiste en ejecutar un plan completo para deshacernos del mal.  

Esta parábola nos invita a vivir la paciencia propia del discipulado. No debemos responder al mal tan real que otros cometen arrancando la cizaña, es decir, atacando y destruyendo a los responsables; hacerlo solo aumenta el daño. Por el contrario, nuestra respuesta debe ser de perdón y de disposición a confiar en los propósitos de Dios, quien separará el trigo de la cizaña en el tiempo de la cosecha. El pasaje explica además que, una vez recogida la cosecha, la cizaña será reconocida como tal y arrojada al fuego. Hay misericordia, sí, pero también hay justicia. 

El perdón y la paciencia son la manera en que Dios obra en nuestro mundo quebrantado. 

Nuestra preocupación por el problema de la cizaña no debe impedirnos reconocer el maravilloso desenlace de la parábola: cómo efectivamente se produce la cosecha y se recoge una abundancia de trigo, suficiente para que el dueño de la tierra y los trabajadores se alegren juntos. Así, la parábola concluye con una nota de glorioso triunfo sobre esa cosecha: «¡los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre!».  Todos con oidos, oigan! 

AMEN.