Un sermón de Padre Juan Sandoval
Pascua 3 – Año A
Idea central: El Resucitado camina con nosotros; cuando abrimos los ojos y el corazón, lo reconocemos en la Palabra, en la Eucaristía y en la vida de la comunidad.
Ahora comenzamos un viaje con los dos discípulos de Jesús. Están caminando hacia Emaús. Este día es diferente porque Jesús ya fue crucificado. Un hombre se acercó a ellos y les preguntó de qué estaban hablando. Su charla fue una de tristeza, y Cleofás le preguntó si era el único forastero en Jerusalén que no sabía lo que había pasado. Le explicaron lo que había pasado a Jesús de Nazaret. Pues ya era tarde y lo invitaron a cenar con ellos.
En el camino, los discípulos no reconocen inmediatamente a Jesús, pero su presencia va encendiendo la fe. En el camino, Jesús les explico los pasajes de escritura. Jesús camino poco adelante de ellos, pero los dos invitaron a Jesús que se quedar con ellos porque ya era muy tarde y el sol ya se metía. Cuando era tiempo de cenar, Jesús tomo el pan y lo bendijo. Luego lo partió y se les dio. En ese momento conocieron que era Jesús. Jesús se desapareció.
Así como Pedro proclamó que el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob glorificó a Jesús, también nosotros lo glorificamos y somos testigos de Jesús resucitado. ¿No es verdad que el corazón nos ardía en el pecho cuando nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Quizás nosotros todavía podemos sentir nuestro corazón ardiendo cuando oramos a Nuestro Señor o estamos en silencio viendo el milagro de todo este mundo.
¿Cuántas veces han caminado con un amigo y están tan atentos a su plática que no vemos lo que está alrededor de nosotros? Yo recuerdo caminando al lado de un río y charlando con amigos y, en verdad, no recuerdo ver algunas cosas o personas en el sendero. Muchos no caminan a pie estos días, y pienso que muchos caminan en su auto o en camión. A pesar de cambiar el modo de caminar, todavía, cuando estamos charlando, no somos conscientes de nuestros alrededores.
Ahora escuchamos las palabras de Pedro en los Hechos y en el evangelio de San Lucas. Nos dice que debemos abrir los ojos para reconocer lo que, o a quien, está cerca de nosotros, y ser conscientes de nuestros alrededores.
Pedro, el mismo que rechazó a Jesús tres veces, ahora anuncia que Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios, ha resucitado al pueblo. También nos recuerda la importancia del bautismo y de vivir la fe en comunidad: Jesús nos llamó a no vivir aislados, y la llave es la hospitalidad. Pedro dice a la comunidad, —Vuélvanse a Dios y bautícese cada uno en el
nombre de Jesucristo, para que Dios les perdone sus pecados, y así
él les dará el Espíritu Santo.
Piensan en el discurso de Pedro esta mañana en los Hechos. Pero primero, ¿qué pasó antes? Esta es la escena inmediatamente antes de que Pedro comience su discurso. Recuerden lo que Jesús les dijo antes: “Como el Padre me envió, yo los envío”. Estas son palabras que nos envían al mundo para proclamar las Buenas Noticias y para hacer las obras de Dios. ¡Dios nos ha enviado!
Ahora es el tiempo para comenzar una creación nueva a través de Jesucristo, por su muerte y resurrección. En ese tiempo y ahora, somos comunidad, especialmente en esta temporada de Pascua, cuando comenzamos una vida nueva y hermosa. Pedro, Juan y todo el grupo de discípulos compartían su vida con otros: compartían su comida y sus posesiones con los que necesitaban. Cuando vivían y trabajaban juntos era como una armonía del corazón y mente, una manifestación de la renovación del espíritu.
Pedro avisa al pueblo que es tiempo para arrepentirse, ser bautizados y recibir al Espíritu Santo. Dicen que ese día bautizaron a tres mil personas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. También, Pedro les dice que la promesa es para cada uno, para sus hijos y para todos, cerca o lejos: así es el don, bello y misterioso.
El Espíritu está entre nosotros hoy y todavía somos comunidad. Sí, es diferente, pero siempre Dios cumple las promesas de renovación y restauración. Estamos en la presencia del Señor cada día. Para mí, esta comunidad me da alegría y siento el gozo. Muchas veces les he dicho que ustedes son mi familia. También siento la presencia de Dios cuando estoy con mi familia de nacimiento: estar con mis padres (gracias a Dios), mis hermanas, hijos, hija y sobrinos-sobrinas, nietos, nietas y bisnietas. Cuando llegan sus amistades, pues esas personas son aceptadas como miembros de la familia. Así, todos juntos podemos vivir en comunidad, en armonía de corazón y mente, por el Espíritu Santo y con el Espíritu Santo.
Algunas veces esperamos un milagro en frente de nosotros, pero quizás no vemos los milagros que están alrededor de nosotros cada día. Es posible que no nos demos cuenta de que el Espíritu del Señor Resucitado nos da vida nueva cada día. Es posible que no nos demos cuenta de que la presencia del Espíritu nos hace la vida completa.
Esto no solamente pasa; no, nosotros tenemos que hacer nuestra relación con Dios el enfoque primario. Muchos dicen: primero Dios. Pero, en verdad, tenemos que trabajar en esta relación como los primeros discípulos: tener devociones a Dios, enseñanza, comunidad, eucaristía (el cuerpo y la sangre del Señor), estar en comunidad, trabajando juntos con un corazón y una mente, ayudando a los que necesitan y dando la bienvenida con la gracia que Dios nos ha dado.
¿Qué quiere decir que somos discípulos de Jesús? Si somos parte de esta comunidad, todavía tenemos unas fronteras que cruzar e invitar a familia y amistades para que lleguen a conocer el milagro de nuestro Señor resucitado, y vivir en armonía y en comunidad.
Que en esta Pascua, al caminar con Jesús, abramos los ojos y el corazón para reconocer su presencia y vivir en comunidad con hospitalidad, en un solo corazón , una sola mente y un solo Dios.
¡El Señor ha resucitado! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
AMEN